Agustín Centelles


Agustín Centelles

De nuevo el escenario de la guerra civil española, millones de imágenes de la contienda y cientos de fotógrafos, conseguir destacar entre ellos es sinónimo de buen hacer,  de buen ojo, de una disciplina e instinto incontestable. Destaca por no ocultar su simpatía hacia la izquierda, sale a la calle para documentar la derrota fascista donde consigue la que quizá sea un icono de la guerra civil.
Agustí Centelles sintió la pasión por la imagen desde muy joven.
En el periódico El Día Gráfico conoció al fotoperiodista barcelonés Josep Badosa, con quien empezó a trabajar en 1927, cuando inició su propia carrera como fotoperiodista.
En mayo de 1934, un mes después de comprarse, a plazos, una cámara Leica por 900 pesetas, Agustí empezó a trabajar por su cuenta. Poco tiempo después su firma se había convertido en habitual en la mayoría de los periódicos de Barcelona y sus fotografías sobre los acontecimientos de octubre de ese año se publicaron incluso en el extranjero.
La versatilidad del novedoso aparato y su olfato para captar la noticia en una instantánea, o en su reencuadre posterior, le animó a establecerse por su cuenta y a convertirse rápidamente en el freelance más valorado y cotizado de la ciudad.

Con el bando republicano durante la Guerra

Durante la jornada del 19 de julio, Centelles captó multitud de imágenes de la resistencia que la población civil y las fuerzas leales a la República opusieron al golpe de estado en Barcelona. La foto de unos guardias de asalto disparando parapetados detrás de dos caballos muertos se convirtió en un icono universal de la resistencia del pueblo catalán que apareció en la prensa española e internacional consiguiendo portadas de gran efecto como la de la revista americana News-Week del 1 de agosto de 1936.




Con la guerra ya declarada, Centelles inició una actividad frenética para documentar la vida en la retaguardia y, especialmente, la lucha en el Frente de Aragón






Durante el primer año de la guerra, sus fotos aparecen diariamente en la prensa barcelonesa y son numerosas las portadas que consigue para La Vanguardia y otros periódicos. A partir de septiembre de 1937 es movilizado como fotógrafo en el Ejército del Este y como colaborador del Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Cataluña.

Exilio a Francia

Comprometido con la causa de la República y la suerte de su pueblo, Centelles emprende los caminos del exilio en el pavoroso éxodo de finales de enero de 1939 cuando las tropas de Franco están ya a las puertas de Barcelona. Lo abandona todo, excepto unos diez mil negativos que se lleva consigo en unas maletas.
Contienen buena parte de la memoria visual de los años de la República y la guerra civil en Cataluña.
Centelles es perfectamente consciente que saca del país posibles pruebas incriminatorias contra miles de sus conciudadanos. Las autoridades franquistas intentaron en vano recuperar el archivo de Centelles durante los primeros meses de la ocupación. Primero en el campo de concentración de Argelès-sur-mer y después en el campo de Bram, cerca de Carcassonne, Centelles consigue salvaguardar los negativos y documentar, además, la vida en los campos franceses, centenares de negativos que deben añadirse a su impresionante legado.


Campo de concentración de Argelès-sur-mer






Campo de concentración de Bram




Regresa a Cataluña

En 1944, ya fuera del campo, y activo en la resistencia de exiliados españoles en la Francia ocupada decide regresar clandestinamente a Cataluña para reunirse con sus familiares y escapar al acoso de la Gestapo. Su archivo fotográfico queda celosamente guardado por los Degheil, la familia francesa que le había alquilado una habitación en Carcassonne. 
Los años de la dictadura franquista se alargan y Centelles, que vive discretamente de la fotografía industrial y publicitaria en Barcelona, tiene que esperar a la muerte de Franco para plantearse volver a Carcassonne y recuperar su archivo.
En 1976, treinta y seis años después del inicio del exilio, consigue, por fin, trasladar el archivo de nuevo a España y se empieza, gradualmente, empezaba una nueva vida: publicación de su material, exposiciones, conferencias y el reconocimiento de los fotoperiodistas.
El 19 de diciembre de 1979, con 69 años, pudo reingresar en el Registro Oficial de Periodistas. Dos años después, la Asociación de Fotógrafos de Prensa y Comunicación de Cataluña (AFPC) le hizo un homenaje y le nombró miembro de honor.
En 1984 Agustí Centelles recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Murió en Barcelona en diciembre de 1985.

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